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Las
mercancías que se acomodaban en barriles para
el flete marítimo, debían ser reembaladas al
llegar a los puertos para adaptarse al transporte
terrestre. Para este fin se usaban fardos, cajones
y también botijas de diferentes tamaños. En
ocasiones los productos eran embarcados directamente
en estos contenedores, tal como lo atestiguan
los hallazgos realizados en sitios de naufragios
coloniales.
Las
botijas se empleaban para el transporte de aceite,
vino, vinagre, miel, manteca, alcaparras, aceitunas,
alquitrán y azogue entre otros artículos.
Las
capacidades de estas vasijas podrían ser la
de la arroba castellana de vino (16,133 litros)
o de aceite (12.56 litros). Una fuente documental
relacionada con la Armada de 1588, menciona
el embarque de cincuenta arrobas de aceite en
cien botijas de barro, con lo cual se infiere
la existencia de contenedores de media arroba.
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Botija
de una arroba o perulera del siglo XVI.
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Botija
de media arroba del siglo XVI.
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